El viaje hasta la isla de Flores: la entrada a Komodo 3


En Indonesia el transporte es lento o caro y en ocasiones ambas cosas. Ese fue el motivo por el que cuando pudimos abandonar Bali decidimos hacerlo con un crucero que nos llevaría a Flores en 4 días pero que nos permitiría, ya de paso, ver algunos de los atractivos del parque nacional de Komodo, en lugar de optar por la opción de bus-ferry-bus-ferry que toma 36 horas y te lleva directamente hasta la isla de Flores.

Unos amigos nos habían recomendado la compañía Wanua Adventures con la que ellos habían hecho el tour y con la que estaban contentos así que nos dirigimos a Senggigi (Lombok) y nos dispusimos, incluso antes de buscar hotel, a contratar el tour. Lo podríamos haber contratado con cualquier compañía, pero no queríamos problemas como los del Bromo así que una recomendación era para nosotros muy importante.

Al preguntar en las agencias del pueblo si trabajaban con Wanua Adventures, todos nos decían que sí para acabar contándonos alguna historia de que la compañía había venido a menos, que ya no existía o nos vendían otra compañía como si fuese la que nosotros queríamos. Por suerte habíamos consultado alguna información de la compañía previamente y no consiguieron colárnosla. Un hombre llamó incluso a su “jefe” en Wanua para decirnos que Ari y Martí, unos amigos con los que pretendíamos coincidir en el crucero, también estaban en la lista del barco y que podíamos comprar los tickets. Ya ibamos a pagar cuando dejó de colgar a todas las llamadas que no paraban de sonar y después de una breve conversación en Indonesio, nos informó que en el barco de Wanua ya no quedaba sitio pero que podíamos ir con otra compañía. Nos fuimos algo moscas. Al final terminamos encontrando la oficina de Wanua Adventures y pudimos reservar el crucero para el día siguiente. El hombre del último paripé cuando se enteró, nos deseó los peores problemas con la compañía. Una actitud que nos dejó bastante molestos, por suerte no pasó de anécdota y al día siguiente estabamos de camino a Flores.

Día 1 – Navegación

El primer día de crucero poco hicimos. Nos encontramos con Ari y Martí y nos presentaron la tripulación del barco y este mismo, donde pasaríamos los próximos días y a la gente que nos acompañaría. En seguida quedó claro que no era un barco de lujo. Dormiamos en cubierta en una colchonetas de color azul, que hay que decir que no estaban nada mal. Por otra parte, esto ya lo sabíamos de antes y no nos importaba mucho. Este primer día a parte de navegar no hicimos nada, excepto conocer el preludio de lo que serían nuestras comidas de los próximos días: arroz blanco y un acompañamiento de verduras y algo más.

La tirpulación preparando la comida

La tripulación preparando la comida

Día 2 – Cataratas y un mar enfurecido

El segundo día debíamos hacer una pequeña caminata hasta unas cascadas. El paseo no estuvo mal aunque tampoco fue muy largo y nos llevó a unas cataratas a dos niveles en que estábamos todos los cruceros que habíamos salido el sábado. El primer nivel era una caída de agua muy chula con diversas formaciones en forma de piscina, sin embargo, nuestro objetivo era el segundo nivel: una pequeña poza muy profunda en la que se podía saltar desde una cuerda enganchada a un árbol.

Cascada antes de llegar a la poza

Cascada antes de llegar a la poza

No saltamos por lo pequeña que era la poza y después de ver varios saltos “fallidos” de un grupo de ingleses que compartían barco con nosotros, decidimos volver a la playa a hacer snorkel antes de presenciar como alguno se golpeaba contra el borde de la charca al caer mal de la cuerda, cosa que estuvo a punto de pasar varias veces. El snorkel en la playa fue mejor que las cascadas. Nada más meter la cabeza en el agua empiezas a ver peces y corales e incluso haciendo snorkel puedes tener la suerte de ver pequeños peces hoja. Después de la pequeña excursión, volvimos al barco para la sesión más larga de navegación.

Estrella de mar en Komodo

Estrella de mar en Komodo

No sabemos si el mar estaba picado, si hay que navegar contra las corrientes o si el timonel era un artista, pero pasamos una noche en el barco de lo más entretenida. Se balanceba de un lado a otro de una manera que parecía peligrosa. Si te estirabas con la cara pegada a la colchoneta podías disfrutar de un masaje facial gratis, cortesía de los movimientos del barco. Pasamos una noche bastante inquieta en que lo más sorprendente fue que tan poca gente se marease. Por suerte, al día siguiente amanecimos en un mar calmado.

Día 3 – El día estrella

El día 3 teníamos programadas algunas visitas a atractivos no tan “importantes” como Komodo o Rinca (pronunciado Rincha) que son las islas donde es posible ver dragones de Komodo. Aún así, terminó convirtiéndose en el día estrella para nosotros.

Empezabamos la mañana con el más que tradicional pancacke de plátano y una pequeña subida hasta un mirador en Gili Laba para ver un mar precioso de múltiples tonos azules y con unas vistas de las islas vecinas increíbles. Después un pequeño snorkel para refrescarnos en el que pudímos ver una pequeña serpiente marina (esto sin meter siquiera la cabeza en el agua), algún pequeño pez escorpión y muchísimos más peces.

Nuestra primera sepia

Nuestra primera sepia. La encuentras?

El snorkel del día no acababa ahí. La siguiente parada era una isla, ya dentro del parque nacional de Komodo con una laguna de agua salada. La laguna es bastante chula, pero no más que la isla en si. Bastante virgen y llena de vegetación, aunque lo mejor volvió a ser el snorkel donde tuvimos la oportunidad de ver nuestra primera sepia. Es muy curioso ver como cambian de color según el lugar donde estén. No sólo el color si no la textura de la piel. La pobre sepia se vió rodeada y se puso amenazante mientras se retiraba a un lugar más tranquilo y se recamufabla. El día iba maravillosamente y la tercera parada era el “manta point”, un lugar donde si teníamos suerte podríamos ver Rayas Manta. Esos enormes animales de más de 3 metros de grande.

Vistas desde el viewpoint de Gili Laba

Vistas desde el view point en Gili Laba

La suerte no estuvo de nuestro lado en lo que ver a Mantas se refiere, porque solo pudimos ver una. El capitán del barco iba acercándonos a la zona y cuando parecía atisbar algo nos decía a todos que saltasemos. A parte del recuerdo, bastante imborrable de las medusas, nos queda el de la única manta que vimos y el de otros dos animales que no contábamos ver pero que nos hicieron muchísima ilusión: un tiburón y una Raya Águila.

Si se hubiese terminado el día hubiese sido un día muy bueno, pero todavía teníamos que ir a la Pink Beach, una playa que debido al coral tiene un sútil, muy sútil, color rosado en la arena. Es una playa bastante bonita y venía después de un día bastante satisfactorio, así que pasamos en la playa un rato agradable pese a lo “fría” que estaba el agua y las dichosas medusas.

Pink beach

Pink beach

Ya de camino al lugar donde pasaríamos la noche anclados, unos delfines nos acompañaron un rato luciéndose y haciendo piruetas, no tenemos ninguna buena foto, pero ya se sabe, lo primero es disfrutarlo. Cuando intentábamos hacer las fotos ya estaban muy lejos los delfines.

Nuestro día acabó viendo los zorros voladores (murciélagos gigantes) salir en manada de unos manglares y podríamos haber disfrutado mucho más de una preciosa puesta de sol en el Parque Nacional de Komodo si no hubiese sido porque el timonel ancló el barco de espaldas a la puesta de sol, por lo que había que escoger zorros voladores o el sol escondiéndose tras las islas.

Puesta de sol en el parque nacional de Komodo

Puesta de sol en el parque nacional de Komodo

Batmaaaaaaaaaan

Batmaaaaaaan

El día ya había terminado, pero quedaba todavía el colofón, la fiesta de despedida, porque al día siguiente llegábamos a Labuan Bajo (Flores). Así que la tripulación del barco colocó dos altavoces, una bola de discoteca y empezó la fiesta.

Día 4 – Komodo y Rinca: viendo los dragones

El cuarto día era para ir a ver la mayor atracción turística de Komodo, o al menos así es desde el punto de vista de los Indonesios, para nosotros el tercer día ya había sido muy bueno. Después de un desayuno algo escaso nos acercamos a la isla de Komodo donde se pueden hacer 3 trekkings, de corto a largo, donde las supuestas posibilidades de ver dragones de Komodo aumentan. Al ser un grupo organizado no nos dejaron escoger: hicimos la ruta media.

El trekking en sí dura unos 20-30 minutos, pero con las paradas para observar a los dragones aumenta hasta la hora y media que te prometen. Pudimos ver dragones de Komodo y hay que reconocer que es un bicho impresionante, sin embargo, no puedes dejar de hacerte a la idea que es algo decepcionante. Los dragones parecen puestos allí por los Rangers que cuidan del parque natural. Quizás esta impresión sea porque los Komodos no se mueven, quizás porque cada vez que ves alguno antes has visto una señal de “cuidado dragones de Komodo”, o quizás sea por la poca ilusión que les hace a los guías encontrar uno de ellos. Al final te llevas la sensación de que sólo ves los dragones en el lugar artificial que los Rangers han creado para que beban agua.

Perezosos dragones de Komodo

Perezosos dragones de Komodo

Después de Komodo tocaba a ir a la isla de Rinca (pronunciado Rincha), una nueva oportunidad para ver dragones de Komodo. En esta isla el plan es más o menos el mismo, hay 3 trekkings y los que no van con el tour pueden escoger. Nosotros volvimos a hacer el medio. Durante el trekking en sí no llegamos a ver ningún dragón ni ningún otro animal, exceptuando algun mono esporádico. Después al terminar el circuito, tuvimos ocasión de ver 5 dragones de Komodo cerca de las casas de los Rangers.

Dragón de Komodo

Dragón de Komodo

Terminamos el día con un bañito entre fuertes corrientes para refrescarnos. El baño sentó bien y la playa donde podías llegar nadando con sus vistas era muy bonita, pero las fuertes corrientes hicieron que volver a nado al barco fuera una tarea bastante dura.

Vistas de nuestro barco desde la playa

Vistas de nuestro barco desde la playa

Ese mismo día llegamos a Labuan Bajo y acabó el crucero, pero todavía teníamos la opción de dormir una noche extra en el barco. Fuimos a cenar con todo el grupo a un restaurante italiano que nos sentó de maravilla. Después tocaba volver al puerto para pasar la última noche en el barco.

Día 5 – Extra: Amanecer en el barco

A parte del sonido de las mezquitas a las 4:30 Am que no encontramos durante los días de crucero, la última noche en el barco fue de lo más tranquila. Nos levantamos temprano antes de que zarpase el barco de vuelta a Lombok y después del momento de las despedidas nos fuimos en busca de un hotel y de escuela de buceo, uno de los motivos principales de nuestra estancia en Flores.

Despedida en Labuan Bajo

Despedida en Labuan Bajo recién levantados


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