Punto final. Roma: ciudad milenaria 1


Entre siete colinas nació hace muchos, muchos años una pequeña ciudad. Una ciudad que pervive todavía hoy. Que ha inscrito su nombre en los libros de historia para lo bueno y para lo malo. Una ciudad que se convirtió en Imperio.

Cuando empezábamos nuestro viaje lo hacíamos en Estambul, antigua Constantinopla, capital del por entonces decadente imperio Romano. Nuestro viaje acababa, sin que nos diésemos cuenta, en la capital que vió nacer ese imperio, en la antigua Roma.

Senatus Populusque Romanus (SPQR), unas de las siglas más conocidas de la historia allí donde se escribieron por primera vez.

Senatus Populusque Romanus (SPQR), unas de las siglas más conocidas de la historia allí donde se escribieron por primera vez.

Teníamos apenas 3 días para pasear por la ciudad mientras nos debatíamos por los muchos sentimientos encontrados que nos suponía volver a casa. Fueron tres días increíbles en los que disfrutamos muchísimo de la ciudad y en los que andamos todavía más.

Roma ha sido y es muchas cosas: fue una pequeña ciudad, fue la cuna de grandes inventos, la capital de un imperio, la ciudad que vió nacer a personajes como César, Nerón o Adriano. Fue la ciudad de Vittorio Emanuele, la de Garibaldi y la de Mussolini y es también la capital del catolicismo y ha visto desfilar por ella hasta la pequeña ciudad-estado del Vaticano a los más altos representantes de esta institución.

Saltando frente a la basílica de San Pedro

Saltando frente a la basílica de San Pedro

Nuestro primer día lo dedicamos a visitar El Vaticano y sus alrededores. Pensábamos que podríamos visitar la Basílica de San Marcos, pero cuando llegamos a las 9 de la mañana ya había cerca de 3 horas de cola y decidimos pasar por alto la visita a la famosa basílica. Tampoco entramos a la Capilla Sixtina. Es algo que merece su tiempo, o eso creemos, y con la gente que había difícilmente se le debe poder dedicar más de unos segundos. Gracias a una aplicación para el móvil llamada “Roma”, una audioguía gratuita, pudimos localizar varios puntos interesantes de la ciudad y nos fuimos perdiendo por sus calles a veces siguiendo la guía y otras nuestra intuición. Bajamos andando hasta el monumento a Vittorio Emanuele y luego subimos de nuevo para ver la famosísima Fontana di Trevi. Es una lástima lo abarrotada que está de gente. Podría llegar a ser un buen lugar si no fuese por las aglomeraciones.

Aunque nos supo mal no entrar a ver la Capilla Sixtina, Roma está llena de iglesias, capillas, basílicas y muchas de ellas son auténticas obras de arte. Junto a las fuentes, las plazas y las callejuelas, hacen de Roma una ciudad en la que puedes conocer las cosas básicas en un fin de semana, pero después de años todavía podrías encontrar detalles que te sorprendan.

Castelo y punete de Sant Angelo

Castillo y puente de San Angelo

 

El segundo día el Anfiteatro Flavio, o más conocido como el Coliseo, estaba en la lista de cosas por ver. Es un monumento impresionante hasta que entras a su interior. Es una lástima, porque por dentro pierde esa grandiosidad que todavía reviste por fuera un edificio que ha sido la referencia de todos los estadios de futbol modernos. Por supuesto la historia es muy interesante, pero no es nada que no hayamos escuchado ya un centenar de veces. Sin embargo, justo delante del Coliseo se encuentra una de las auténticas joyas de Roma: los foros Romanos y el monte Palatino.

Esto fue Roma, la primera, a los pies del monte Palatino

Esto fue Roma, la primera, a los pies del monte Palatino

El lugar destila magnificencia. No sólo por los años, no sólo por la historia o por los pies que hoyaron esas calles y escaleras, todo el lugar es un recordatorio de lo que tuvimos y perdimos. Un recordatorio de la fragilidad de nuestro patrimonio. Un lugar que te transporta a la época romana, con sus altísimas construcciones, sus patios, sistemas de canalización para llevar el agua potable a todas las casas, sistemas de desagües, tuberías de calefacción todavía visibles, mosaicos… Y qué decir del recordatorio que en el siglo X a.C ya se alzaba en esa misma colina, lo que más tarde sería una de las capitales más importantes del mundo.

El famoso Coliseo

El famoso Coliseo

La entrada a los dos monumentos (Foro Romano y Monte Palatino + Coliseo) es conjunta y cuesta unos 15€. Es un poco más cara por Internet y realmente no vimos que ahorrase mucha cola. Sea como sea, bien merece dedicarle una mañana o incluso un día entero, aunque hay que recordar que el Coliseo cierra a las 3 de la tarde, al menos en invierno. Si ves que no te da tiempo no hay que preocuparse porque la entrada vale por 2 días consecutivos.

Aunque es una zona muy interesante, nuestro día no acababa ahí, todavía teníamos que ver los otros foros y algunas de las plazas más famosas de la ciudad. Al final resulta casi imposible enumerar todo lo que uno ve en Roma, pero tampoco es de eso de lo que se trata. Roma es una ciudad que transmite mucho, no sólo belleza y a nosotros nos encantó, aunque hay que reconocer que la limpieza y el metro no son el punto fuerte de esta capital.

La plaza del Poppolo

La plaza del Poppolo, con el Vaticano al fondo

Roma, ¡volveremos a vernos!


Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Un comentario en “Punto final. Roma: ciudad milenaria